Dulce limbă românească… ¿qué va a ser de ti?

Fuma apoyada en un coche, con los ojos rojos por motivos que, por supuesto, no desvelaré. Los demás, haciendo corro, con las manos metidas en los bolsillos, aguantamos estoicamente el frío. Hablamos de todo y de nada. Un chico mueve la pierna como si ésta tuviese vida propia. ¿Cómo se dice que hace mucho frío?, le pregunto a la chica que está a mi lado, mi-e frig es tengo frío, pero ¿y para decir que tengo mucho, mucho frío? Hace apenas unas horas me he enterado de que es rumana, concretamente cuando la examinadora le ha pedido el DNI y ella le ha enseñado una copia del NIE. Después he intentado sacar conversación, le he preguntado de qué parte de Rumanía es, hasta le he comentado que me gustaría ir por esas tierras este verano; sonreía, pero no se la veía interesada. Por eso lo he dejado estar. ¿Eres rumana? ¡No jodas!, ha exclamado el chico con el que lleva dando prácticas dos meses y que ahora come una empanadilla de atún, a lo que ella ha contestado , con la boca pequeña, muy pequeña.

Mi-e tare frig?, insisto.

La chica que estaba contando con el cigarro en la mano que ayer cerraron el bar en que trabaja a las cuatro y sólo ha podido dormir dos horas, me mira con los ojos muy abiertos.

Ella también es rumana, me explica la chica del NIE. ¿Ah sí?, pregunto, repentinamente, y me doy cuenta de que en mi voz hay algo de alegría. Creo que incluso sonrío. No hablo rumano, precisa, y se me queda mirando.

¿Por qué?, pregunto. Tiene los ojos azules y un pequeño acento que ya había oído antes pero cuyo origen no me había atrevido a aventurar. Era pequeña cuando vine, dice, tenía cuatro años.  En casa con mis padres siempre hablamos español. A veces dicen algo en rumano y no entiendo y les digo, ¿qué? Y mis hermanos entienden aún menos, sabes. Y al final les digo “dilo en español” porque si no, es que no hay manera de entendernos –añade. Me quedo parada, pensando, y tras unos minutos, le digo que estudio rumano en la universidad.

¿Pa’ qué estudias rumano?, pregunta, y se ríe, muy divertida, aún apoyada en el coche. El corro entero ríe. Yo sonrío un poco, sin contestar a la pregunta. No va a servirte para nada, añade muy segura, pisando el cigarro extinguido, y yo me hago la loca.

De vuelta a casa, atravesando la calle en obras (se nota que se acercan las elecciones) empiezo a darle vueltas al tema. ¿Acaso sus padres no le enseñaron rumano? ¿Cómo deja uno de hablar su lengua materna? ¿Y cómo se llega al punto de no entenderla?

¿Y por qué ese sentimiento, esa forma de hablar? ¿Ese desprecio? No va a servirte para nada. ¿A qué viene tanto desdén? Son las tres y media de la tarde, el sol cae a plomo. Mientras hurgo en el bolso buscando las llaves, miro distraídamente hacia el parquecito que hay delante de mi bloque. Dos mujeres charlan sentadas en un banco mientras sus niños juegan a la pelota. Hablan rumano entre ellas. Los nenes están en otro mundo, no sé en qué idioma hablan, tal vez no lo hagan todavía, corriendo de un lado a otro. Un coche pasa como un rayo junto al parque.

¡MIHAI! ¡Mihai, ven aquí! ¿pero no te he dicho que juegues aquí cerca?, dice la mujer con gafas, arrastrando las erres, y se pone de pie. ¡Mihai, aquí cerca, eh! Después se vuelve a sentar y retoma la cháchara tranquilamente. En rumano, por supuesto.

De ce vorbiți cu copilul în spaniola? De ce? Algo triste, reprimiendo las ganas de acercarme e interpelarla, me hago la loca y entro en casa.

Dulce limbă românească… ¿qué va a ser de ti?

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4 pensamientos en “Dulce limbă românească… ¿qué va a ser de ti?

  1. Salut karina ! Ce faci ? 🙂 es poco lo que se de rumano pero hace un mes descubri algunos sitios donde aprender en la web y me encanta !! Tu blog me ha ayudado mucho muchisimo !! A comprender un poco los tiempos verbales y los adjetivos..por favor sigue subiendo mas sobre gramaticã que nos ayuda mucho.
    Soy de Argentina y lo q vos ves con el rumano pasa aqui tambien con lenguas nativas como Mapuche o Quechua o Toba porque los padres prefieren enseñarles español en la casa y no los suyos originarios…
    Te comento que hace poco han “revivido” el Aoniken (tehuelche) gracias a un par de ancianas que han decidido enseñarlo en un colegio patagonico y han hecho una bibliografia.
    Perdon ! Me extendi mucho !
    Multumesc ! La revedere !

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    • Alex,
      gracias por compartir la información sobre las lenguas nativas en Argentina, recuerdo haber leído algo al respecto. Es una situación muy triste que, por desgracia, se da en varios países. Menos mal que también hay gente que hace lo posible para que un patrimonio tan rico no se pierda (en el caso del idioma de los tehuelches, cuentan con dos suuuper abuelas 🙂 )

      No sé qué puede empujar a una madre a hablar a su hijo en un idioma que no es el suyo. En el caso de los inmigrantes, tal vez crean que así los niños se integrarán mejor en el país, o más rápido… no sé. Espero tener una segunda oportunidad para descubrir el porqué (la primera, como cuento en el texto, ya la perdí. :))

      Por cierto, ¡gracias a ti por comentar! Me alegro un montón de que el blog te esté siendo útil. Si tienes alguna sugerencia o hay algún tema en especial sobre el que te gustaría leer, no dudes en decírmelo, ¿vale?

      Mai vorbim,

      K

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  2. Un ejemplo de la cruda realidad sobre como se consigue que alguien odie su lugar de procedencia… 😦 Oare când îți vei găsi pacea sufletească, poporule nenorocit…

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