¿Estudiante… de rumano?

-¡Madre mía, cuánto tiempo! ¡Estás guapísima!

Me siento en la silla, le digo que sólo las puntas. Mientras me coloca sobre los hombros una toalla que huele a amoniaco, me pregunta que cómo me va en la universidad, que qué estoy haciendo. Para ahorrarme explicaciones innecesarias, le digo que estudio idiomas.

-Francés, alemán y rumano.

-¡Madre mía! –entona con las tijeras en la mano.- ¿Estudias ruso? Tiene pinta de ser difícil, ¿no?

-Eh. Rumano.

-¿Que qué he dicho? Ruso.

Rumano. Estudia rumano. –Dice mi madre desde la silla de al lado, sin levantar la mirada, con algo de resignación.

La peluquería se sume en el silencio.

-¿Para qué estudias eso?

El rumano es sin duda la menos codiciada de todas las lenguas romance. Y si lo estudias, te tienes que justificar. Porque no tiene la elegancia del francés, ni la claridad del español, ni la animosidad del italiano. O eso creen algunos. Me quedo en blanco. La verdad, no sé qué contestarle. Me han hecho la misma pregunta muchas veces y sigo sin encontrar una respuesta. Una respuesta que deje a la peluquera fuera de combate y le quite las ganas de meterse donde no la llaman.

Las señoras del fondo parecen haber despertado de su letargo. Una señora mayor con rulos me recomienda que estudie chino, que es el futuro. Sonrío, le digo que es muy difícil y me dispongo a decirle a la peluquera que quiero un escalonado. Entonces, una mujer que hasta el momento leía el Hola apaciblemente, interviene. ¡Aprende ruso! Que están comprando todas las casas. Sí sí, si tienen sus propios veterinarios y todo –apunta otra, a la que tampoco conozco.También están comprando vino –añade la amiga de la mujer de rulos, pero nadie le hace caso. La señora del Hola me cuenta que su hija pequeña trabaja poniendo uñas de gel en Marbella, y que desde hace poco, estudia ruso porque se lo exigen en el trabajo. Que es dificilísimo, porque se escribe diferente –añade, muy puesta en el tema. Sonrío. Porque claro, fíjate tú. Rumano. Qué ocurrencias tienen algunos. Hay gente pa’ to –comenta mi madre, con cara de circunstancias, como dando el tema por zanjado. Claro, bueno, si a la niña gusta… –dice la mujer al final, con un hilillo de voz. –La verdad es que el rumano no se entiende nada, ¿eh? Nada…

Bienvenido a Rumaneando, un blog creado por mí para ti, que quieres aprender rumano de forma autodidacta. Aquí encontrarás explicaciones sobre las partes más conflictivas de la lengua, centradas en las divergencias y similitudes del rumano y el español. A diferencia de otros idiomas como el inglés o el francés, los recursos existentes para estudiar rumano desde casa son muy escasos, por no hablar de los recursos pensados para hispanohablantes -prácticamente inexistentes. Estoy impaciente por acercarte esta lengua tan desconocida  ¿Te animas? 😀

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