Conversación BÁSICA en rumano: cómo no pasar por un gañán

Drag cititor,

Ahora que ya conoces la fonética y un par de verbos, te enseñaré a ser educado. Algunos no lo son ni en su propia lengua, por lo que no me pidas maravillas. Hoy nada de țuică, que es importante lo que te voy a explicar. Y me prometí mí misma que este blog no sería una guía turística con cuatro frases, pero la educación es la educación y hay una serie de cosas básicas que deberías saber decir. Sigue leyendo

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Hablar sobre ti mismo: todo lo que necesitas saber (pronombres personales + verbos ser, estar y tener)

Drag cititor,

Supongo que si has leído el primer capítulo de este cuaderno de bitácora, es que no estabas meramente de paso y piensas quedarte un ratito. Toma asiento, voy a por la țuică. O tal vez lees esto a la 1:40 de la mañana porque no sabes qué hacer con tu vida y claro, ¿por qué no aprender rumano? Da igual, razón de más para traer la țuică. Aquí también es algo tarde, y me asaltan muchas dudas. Pero no. Este no es uno de los consabidos posts de “Por qué aprender {insértese el idioma deseado} en que uno plasma sus dudas existenciales. Sigue leyendo

Pronunciación

Año tras año, tu objetivo sigue siendo aprender inglés. Tal vez en su día te gustó, pero ahora se ha convertido casi en una obsesión, y puede que algún día despiertes empapado en sudor, gritando desesperado ‘¡ai yast quent!”. Tus padres están obsesionados con que lo aprendas (afortunadamente, ya se les ha pasado la fijación con el chino). Si eres padre, probablemente estés obsesionado con que tus hijos lo aprendan.

Hoy, drag cititor, prométeme dejar la torpeza a un lado. Como español, no tienes nada (genéticamente hablando) que te impida hablar bien un idioma extranjero, así que se acabaron las excusas. Mírame a los ojos y repite conmigo: “esto es rumano”. “No volveré a pronunciar una palabra como lo haría en español. Esto es rumano”. Ahora cálmate. Venga, hombre, que no es para tanto.  Toma, un pañuelo. Lo peor ya ha pasado.

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¿Estudiante… de rumano?

-¡Madre mía, cuánto tiempo! ¡Estás guapísima!

Me siento en la silla, le digo que sólo las puntas. Mientras me coloca sobre los hombros una toalla que huele a amoniaco, me pregunta que cómo me va en la universidad, que qué estoy haciendo. Para ahorrarme explicaciones innecesarias, le digo que estudio idiomas.

-Francés, alemán y rumano.

-¡Madre mía! –entona con las tijeras en la mano.- ¿Estudias ruso? Tiene pinta de ser difícil, ¿no?

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